La vida después de las ruinas

diciembre 16, 2020




La vida después de las ruinas



Cuesta un poco regresar cuando te has ido durante tanto tiempo.

La realidad es que no sabía ni por dónde empezar a escribir esta entrada, la única certeza es: he venido para quedarme.

Necesitaba desconectar para reconectar conmigo misma. Me ha llevado bastante tiempo. No ha sido sencillo: he aprendido mucho de la vida, he escrito, he escrito muchísimo y mis sueños se han ido haciendo cada vez más grandes.

Y me he dado cuenta de que he cambiado. Han sido años que han arrasado por nuestras vidas; ya nunca volveré a caminar por los pasillos de la casa donde crecí, ya nunca regresaremos a nuestra caseta de campo, donde hice mis primeras tartas de barro con mis primos y mis hermanos, donde nuestras risas de niños resonarán en sus esquinas para siempre, y las huellas de mi padre, de mis tíos y mi abuelo, que la construyeron desde sus cimientos, nunca se podrán borrar. En esa casa que ya no está, se desató el caos, las lágrimas y la incertidumbre; papá y mamá casi se perdieron entre ellos. Fue una época demasiado larga, con una congoja en el pecho que hoy aún dura. Pero he descubierto que tenemos mayor capacidad de resiliencia de la que creemos, que el amor a veces es mucho más fuerte que el dolor. Hoy no puedo estar más segura de ello.

Dicen que los malos momentos son los que te transforman, te hacen un poco más humanx, los que te acercan a saber lo que es realmente importante en la vida.

Nunca he dejado de escribir. Escribir me mantiene a flote. Me mantiene a flote la fortaleza de mi familia, las sonrisas de mamá, la colonia de papá, las tonterías de mis hermanos, los mimos de mis perritas, la certeza de que F volverá a casa con un silbido y le apretaré contra mí mientras ríe. La calidez de mis amigxs, los momentos sola fantaseando con proyectos que mantienen mi ilusión.


                                       



Supongo que todo tiene su momento.

«Esto es lo que quiero de verdad» le he dicho a mamá, a papá, a F, a mis amigxs... muchas veces: «Quiero intentarlo. Quiero esforzarme al máximo y probar a ver qué pasa. Si luego no funciona, si compruebo que, por mucho que trabaje, no sale... entonces lo dejaré».

He estudiado la carrera de magisterio infantil, adoro trabajar con niñxs pero, aunque el trabajo de maestra es maravilloso, no veo mi futuro allí. Todo el mundo me mira raro cuando les digo que no estoy estudiando oposiciones, es lo que debería hacer. Es lo más sensato, es para lo que me he formado, me dará un trabajo seguro, estable... Sí, todo eso no lo puedo discutir. Pero no es lo que quiero para mí. Al menos no sin luchar por lo que llevo soñando desde que era una cría. Puede que sea una ilusa o demasiado optimista, no lo sé, pero el caso es que no quiero plantarme en un futuro habiendo descartado la idea de soñar y arrepentirme de ello siempre.

 

Asher, el empujón que necesitaba para reafirmar mis propósitos.

Retrato de una piel desnuda ha resultado ganadora de la VII edición del Premio Titania de Novela Romántica. Imaginad lo que supone para mí, no solo un enorme sueño cumplido, sino un punto de partida, una puerta abierta.

 

Asher ya me había cambiado la vida antes de esto.

Suelo escribir acerca de aquello que me inquieta, acerca de las cosas que me producen una fuerte necesidad de gritar. Escribir esta novela fue un reto y también una necesidad. Como digo al comienzo de la novela, tuve que dejar de escribirla porque no me veía capaz de afrontar su escritura con las manos vacías. Asher es el personaje más complejo, más humano, más real y bonito que he escrito hasta le fecha (y he escrito muchísimo en este tiempo). Su llegada ha transformado mi forma de pensar, mi manera de mirar y me ha hecho plantearme cientos de preguntas durante el proceso de su creación. Gracias a él he conocido a personas bonitas y... bueno, gracias a él estoy escribiendo esta entrada.

Pero no puedo acabar sin nombrar #ProyectoAlice, una novela muy especial que ya me dio una alegría enorme, la primera que estalló en mi pecho para asegurarme que debía seguir el camino de los sueños. Prometo que os hablaré de ella pronto.

Tengo tantas cosas que decir... y estoy tan contenta de estar aquí...

 

Todo llega y todo pasa.

Es una frase que oído y he repetido varias veces estos últimos años. Mi amiga Mica y yo hablamos de esto muchas veces «Es que resulta que necesito que llegue ya». Nos hemos dicho mutuamente en más de una ocasión. Eso que anhelas hoy parece estar lejísimos, te da la sensación de que nunca va a llegar.

Desde mi experiencia, respecto a todo lo que os estoy contando, he podido comprobar que el dicho es cierto.

Mamá y papá viven, junto con mis hermanos y mis perritas, en otra casa. Y son felices. Podría haber tenido otro final, pero decidieron mirarse de nuevo y ver al amor de su vida en los ojos del otro. Me independicé con F y me enamoré aún más de él, de sus manías, de su energía inagotable, de la paz que me da su presencia.

Poco a poco el dolor amortiguado de las heridas fue remitiendo hasta que los baches quedaron como leves recuerdos.



Y llegó la llamada que tanto había deseado desde que era una enana. La llamada que me confirmaba que no estaba soñando en vano y que valía la pena todas las horas invertidas escribiendo y aprendiendo.
Supongo que todo se basa en las decisiones que tomamos, en nuestras convicciones. He mandado muchos correos deseando que la respuesta fuese como la que al fin me llegó, pero el caso es que tuvieron que llegarme muchas negativas hasta ese momento.

Calma. Fuerza.

A veces la vida después de las ruinas puede ser preciosa. 


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