El miedo o cómo eclipsar parte de nuestra verdad
enero 27, 2021
Miedo al miedo
(A partir de esta entrada usaré solo el lenguaje inclusivo, no me gusta el uso de la x, ej:amigxs. El lenguaje inclusivo es más bonito <3)
El otro día, mi amiga E y yo charlamos acerca
de su reciente debut en una obra de teatro. Le dije que el arte dramático era
algo que siempre me había llamado la atención; he escuchado que para las
personas introvertidas, las clases de teatro son perfectas: se hacen ejercicios
a propósito para deshacernos de la timidez, para desinhibirnos y, además,
debemos transformarnos en otra persona. La gente que vea la obra no te verá a
ti, sino al personaje que interpretas. No puedo explicaros por qué, pero esas
ideas me atraen muchísimo. Sin embargo el paso que debía dar se me hacía
imposible; si soy cien por cien sincera, nunca pensaba darlo.
Hace poco, E me mandó un mensaje y me dijo: hay
un papel precioso en una obra y he pensado en ti. ¿Sabes que sentí? Primero (y
creo que eso es muy importante) ilusión; se me removió la tripa y de inmediato
pensé en la posibilidad de hacerlo de verdad. Pero luego llegó el miedo. Mucho
más fuerte que la primera sensación, como una pesada losa que se posó en mi
pecho.
Artista: Annamachart
Todes estamos familiarizades con esa sensación;
el miedo, un amortiguado dolor de tripa, inseguridades, pensamientos negativos
que te asaltan sin que puedas esquivarlos.
Un sabio dijo (Elton John) «El miedo es cómo
comportarse como si la verdad no fuera cierta». Y cuánta razón; el miedo
esconde parte de nosotres, nos impide dar el paso y por lo tanto escondemos una
verdad que solo nosotres conocemos.
No recuerdo cuándo fue el momento en el que di
el paso con la escritura. Me refiero al paso que di desde el pensamiento de
«Esto no lo va a leer nadie más que yo NUNCA» a «NECESITO que alguien me lea».
Si te soy sincera, la urgencia de contar historias y que las personas las lean no
sé de dónde viene, en qué momento llegó para instalarse en mí con tanta fuerza.
Supongo que las personas estamos interconectadas y necesitamos obtener una
respuesta, nos hace falta alentarnos entre nosotres, no quedar en el olvido. No lo sé. El caso es que fue un paso que me dio mucho miedo, pero aún así lo
di.
Me daban miedo muchas cosas (y me dan, por
supuesto): que no me leyese nadie, no gustar, ser visible para TODES mis
contactos y que viesen que soy una soñadora empedernida... Podría seguir, la
lista es eterna.
Y aún así estoy aquí, escribiendo esto, a punto
de publicar una novela, y no cualquier novela, sino una que quizá tenga más
alcance por resultar ganadora de un premio, que llegará a Latinoamérica, que
toca un tema poco abordado en ficción como es el colectivo trans.
El otro día, en un directo de Instagram que
hice con Noe, ella me preguntó si no me daba miedo la respuesta de la gente al
tratarse de un tema «delicado». Yo entendí perfectamente por qué me lo
preguntó. Es un tema delicado y arriesgado porque yo no formo parte del
colectivo y, sin embargo, he construido a un protagonista trans que relata su
vida desde la infancia hasta la edad adulta. Le dije que sí, que en realidad me
daba mucho miedo. Pueden llegarme críticas del mismo colectivo (esto es lo que
más temo) aunque he procurado ser sensible, cuidadosa y minuciosa con todo lo
que reflejo. Y también pueden llegarme críticas de otra índole (que son las que
más me hierven la sangre, supongo que sabes por dónde voy), aunque esta última
clase de críticas no creo que lleguen tras haberse leído el libro. No lo leerán
porque procurarán mantenerse al margen y quedarse con sus ideas arcaicas.
A lo que me refiero al contarte esto es que,
por alguna razón, mi impulso de mandar esta novela a la editorial fue más
fuerte que el miedo: un espíritu revolucionario, la desilusión que a veces
ofrece el ser humano (el odio, la ignorancia) y la ilusión de cumplir un sueño.
Quizá necesitemos eso, que un sentimiento más
fuerte eclipse el miedo.
Recuerdo lo asustada que estaba por la
posibilidad de que mi relación con F cambiase tras irnos a vivir juntes. Me
gustaba cómo estábamos y había escuchado que la convivencia a veces resiente a
las parejas. Nos embarcamos sin saber lo que ocurriría, pero aposándolo todo
por nosotres. Descubrí que es posible querer más, conocerse a unos límites que
apenas había imaginado; nuestra relación cambió, sí, pero lo hizo para bien. Y
ahora volvemos a cambiarnos de piso, dejaremos una etapa de nuestra vida, y en
realidad... la ilusión prevalece sobre el miedo.
Con esto no digo que, si hubiese acabado mal,
habría sido un error dar el paso. En absoluto; nos arriesgamos y descubrimos
que nos queríamos de verdad de la buena. Pero si hubiese sido lo contrario, nos
habríamos ahorrado tiempo de nuestras vidas. De todas maneras habríamos averiguado
quiénes somos.
Regresando a la cita de «El miedo es cómo
comportarse como si la verdad no fuera cierta», quizá yo tenga un par de
cosillas, y ahí van: no considero que tenga una gran voz (en absoluto), pero me
gusta cantar. Canto todos los días a todas horas. Me han escuchado mis padres,
mis hermanos, mis perritas y F (como para no escucharme). Ya está. Nadie más.
Nunca he dejado que nadie me escuche, tengo pánico. Y, os cuento algo curioso
de mi infancia: mis primes y yo hacíamos concursos en los que cantábamos y
bailábamos delante de todes (tíes, abueles, amigues...) y, jope, qué bien se
sentía. Pero dejé de hacerlo al crecer.
También me dan pánico las presentaciones de mis
libros, es un miedo un poco absurdo porque; uno: nunca he hecho una y, dos; no
me va a quedar más remedio. Llegan Ferias del Libro (si es posible que se
hagan, claro), directos de Instagram, presentaciones en librerías... y me entra
un sudor frío.
También me gusta mucho bailar, bailar de forma
artística, y creo que solo me han visto mi madre y F, y muy poquito.
Y algo que también me tiene mosca, y por lo
visto le ocurre a muches escritores: el temor a que consideren que somos
personas antipáticas aunque solo seamos introvertidas o menos sociables.
En fin, ¿a quién no le ha ocurrido que el miedo
le quite parte de su verdad? Me parece que a todes, de una forma u otra, más
tarde o más pronto.
Pero lo importante es que sigamos adelante a
pesar de ello, ¿no? Reconocer nuestros límites (porque cada vez estoy más
segura de que somos nosotres, y solo nosotres, quienes nos los ponemos) y dar el
paso. Ese paso que deseamos tanto.
Sí, me da miedo la idea de que mi amiga E me
presente al director de la obra de teatro, temo a lo que me encontraré; a quién
encontraré en mí al explorar esa parte a la que nunca he accedido. A que no sea
lo que esperaba, a no ser lo bastante buena o a no atreverme. Pero le respondí
que sí.
Sí, me da miedo la respuesta de la gente a mi
novela, me dan miedo las presentaciones. Pero haré lo posible por que quede perfecta,
para hacerle justicia; hablaré de ella, estaré ahí al pie del cañón, ilusionada
y asustada a partes iguales.
Supongo que tengo ganas de contar parte de mi
verdad.
A lo de cantar, ya si eso en otro momento.






0 comentarios