Una historia de amor a través del tiempo, el dolor y el autodescubrimiento.

febrero 28, 2021


   Imagen extraída de Pinterest


Una de las 10 curiosidades de Retrato de una piel desnuda (entrada del pasado domingo 31 de enero) era de dónde había sacado la inspiración: 

«El germen de esta novela nació de la más profunda indignación hacia la alarmante cantidad de voces que se alzaron en las redes sociales a favor de la transfobia. Ya surgió antes, de la curiosidad, de las inquietudes que suelen asaltarme y se instalan en mi cabeza con fuerza. Pero terminó de forjarse cuando comprobé la poca comprensión de algunes, el odio, la ignorancia voluntaria; no se le puede llamar de otra forma, ya que ahí afuera hay información de sobra para entender lo diverses que somos».

Y es que llevo dentro implícita la impotencia. A veces el ser humano agota las mentes que pretenden abrirse al mundo, comprender, aprender.

Quería a un protagonista disidente que sacase suspiros. Que reivindicase con su ternura, solo con ser él mismo.

Algunas personas dirán que no es necesario seguir dando bombo a estos temas, que ya están más “normalizados”.

El otro día mi amiga C me pasó este vídeo.

 



 

Como dice Elsa Ruiz «Yo no creo que estén mejorando las cosas, están desempeorando. Todavía quedan muchas cosas por hacer, pero es que partíamos desde tan abajo, en el décimo sótano...»

Es difícil describirlo mejor: «desempeorando» es la palabra. Por supuesto, ni mucho menos se acerca a la palabra «normalizando».

Cuando empecé a buscar libros acerca del colectivo trans, encontré una gran variedad de libros de no ficción, sin embargo apenas habían novelas de ficción que tratasen el tema, ni mucho menos que se centrasen en una trama centrada en el amor ni en ningún otro género.

Esta clase de contenido de ficción me parece tan, tan importante... es la vía a la que los jóvenes y adolescentes pueden acceder con mayor facilidad, es la forma en la que pueden conocerse a sí mismes, una manera de encontrarse, de descubrirse.

 

«"Ojalá haber podido ver esto (refiriéndose a el capítulo de Jules de Euphoria) cuando estaba empezando a dudar de lo que me habían impuesto que tenía que ser" porque las cosas habrían sido muy diferentes, el miedo a ser yo, a no encajar en el molde en el que me habían dicho que tenía que entrar. No nos equivoquemos, estoy muy orgulloso de haber llegado aquí, de ser yo y dar la mejor versión de mí mismo pero eso no significa que las cosas tengan que ser de la forma que son, no tendría que luchar por vivir y que mi identidad sea aceptada y reconocida» dice @ _bastiantheknight.

 

En el vídeo de arriba, el reportero pregunta a una maestra de escuela si cree que estos temas se tratan lo suficiente en los colegios, a lo que ella responde convencida que: «estamos atrasados en ese sentido todavía». Hago hincapié en esta parte (hay muchas partes destacables, pero esta entrada ocuparía cincuenta páginas, conociéndome) porque me parece que es un tema que no debería entrar en debate.

En los colegios debe tratarse la diversidad.


Punto.


No se tiene que confundir con adoctrinamiento; según la RAE, adoctrinar es «inculcar a alguien determinadas ideas o creencias». La identidad de género, al igual que la orientación sexual, no tienen nada que ver con ideas o creencias. Se trata de dejar de censurar lo que es necesario: conocernos a nosotres mismes y a les demás. Porque si un niñe desde pequeñe escucha la palabra trans, la asimilará y la comprenderá, podrá ver esa parte del mundo que ha permanecido oculta, provocando tanto daño.

Cuando empecé a buscar información acerca del colectivo trans, me alarmó el porcentaje de comportamientos suicidas en personas trans. ¿Y la cantidad de casos de este tipo que se podrían haber evitado si en los colegios hubiesen enseñado que esa posibilidad existía? Porque si no se habla de ello parece que no existe. Y, joder, existe, a pesar de la negación, la censura y la ignorancia.

Y ya es hora de dejar de echar la vista hacia otro lado.

 

«De peque me metía en la cama todas las noches y deseaba levantarme siendo una niña. Nunca creí posible que quizás ya lo fuese, aunque no pudiese verlo al mirarme al espejo. Hoy en día, por las noches a veces deseo levantarme siendo una mujer, pero ¿qué es una mujer? Sé que para la sociedad soy un hombre, pero ¿qué saben ellos?

¿Estoy en la obligación de someter mi cuerpo a las cirugías que serían necesarias para que puedan etiquetarme con tranquilidad? Me prometo no hacer nada que no desee, juro no intentar agradar jamás a los demás [...], porque tú sabes perfectamente quién eres, y explicar constantemente a la sociedad lo que eres y educarla resulta agotador, aunque sea necesario».

 

Esta cita de Jedet es de su libro Efecto Mariposa, uno de los libros que utilicé para documentarme y el que más me marcó (de ahí a que haya puesto algunas de sus citas en la novela). En él se desgarra por completo. Si quieres conocer más acerca del colectivo, te recomiendo muchísimo leerlo.

Como dice Jedet, explicar constantemente a la sociedad, educarla, resulta agotador, aunque es necesario. Pero, ¿cómo hay que actuar ante a ese señor que dice que «haría como hizo Franco; eliminarlos, mandarlos a una isla»? ¿Quién puede explicarle al hombre que busca la solución en una escuela religiosa para que “tenga los comportamientos sexuales que la naturaleza le ha dado acorde a sus sexo” que su hije no va a cambiar?

Está claro que hay cierto porcentaje de la sociedad que nunca dará su brazo a torcer en estos temas, quizá porque han crecido en el seno de una familia muy tradicional o religiosa y ya son mayores para cambiar de ideas (es la única excusa válida que encuentro).

Las demás excusas cortas de miras no las comprendo.


De verdad pienso que la sociedad debe mucho al colectivo trans. Les ha quitado demasiado, les ha borrado a conciencia, y ha dejado que griten en silencio durante años. Se han estado desgarrando la voz y solo ahora parece que les escuchamos un poco.

Y no podemos dejar que siga así.


Toda persona merece ser. En mi casa siempre se ha dicho que, mientras no se haga daño a nadie, cada cual que haga y deshaga en su vida como prefiera.

Como dijeron de la Veneno «Ella caminó para que nosotras pudiéramos correr». Además de unas disculpas de dimensiones mundiales, también debemos agradecer que gracias a elles el futuro esté lleno de generaciones que pueden saber quiénes son, que pueden comprender lo que les ocurre.

Hay un apartado de Retrato de una piel desnuda que dice:

«Niños que habían nacido con vulva y niñas que habían nacido con pene. Cosas que ocurrían a diario, en todas las partes del mundo. Algo tan sencillo como respirar o masticar. Nada difícil de ver, de mirar. Niñes con ganas de jugar, de bailar, de sonreír, de soñar, de ser niñes. Éramos eso. Solo que teníamos que pelear un poco más para ser felices porque el mundo nos lo ponía bastante complicado».

¿Por qué me enamoré de la idea de un protagonista trans? Porque todo a mi alrededor me pedía a voces que le escribiese. Que aportase un poco a que esas voces oprimidas sonasen más fuerte. Me lo pedía mi impotencia, mis ideas del amor, mi necesidad de hacer que este mundo fuese un poquito mejor. Me lo pedían los medios, los corazones apretados en un puño, el silencio ensordecedor, las palabras de odio.

No sé hasta dónde llegará este libro, solo quería dejar un poquito de mí para empujar juntes, cada acción cuenta.

 

«Nuestras historias merecen ser oídas para que ningune niñe trans se sienta en soledad» Elsa Ruiz.

 

Quizá Asher no sea un personaje real, pero es un conjunto de voces que sí lo son. Y cuenta su historia, que no deja de ser una historia de amor a través del tiempo, el dolor y el autodescubrimiento.

Hace poco anuncié en las redes que la fecha de publicación de Retrato de una piel desnuda sería mayo. No caben en mí las ganas. 

Nos leemos.

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