Un nuevo comienzo

marzo 10, 2021

 


Oficialmente estamos en nuestro nuevo hogar.

Lleno de cajas y trastos por todas partes, falto de algunos muebles y adornos, pero ya es nuestro hogar.

Hemos vaciado una casa cuyos recuerdos permanecerán siempre entre sus paredes, la mayoría bonitos. Nos mudamos allí sin saber lo que pasaría, no habíamos vivido antes juntes, no conocíamos muchas facetas de nosotres que luego descubrimos que nos unían más; aceptar nuestros defectos, acoplarse a las rutinas del otre... De eso va la vida y el amor.

Allí recibí por primera vez un correo de mi editora diciéndome que quería mi novela (Proyecto Alice, de la que os hablaré muy pronto). Allí recibí la llamada de teléfono que cambiaría mi vida, la voz dulce de Esther Sanz diciéndome que había ganado el VII Premio Titania. No os imagináis hasta qué punto esta novela ha marcado mi vida, y eso que todavía no ha salido publicada.

Allí he trabajado muchas horas sola con mis proyectos, hicimos nuestro primer picnic en el salón, nuestro primer baile improvisado tendiendo la ropa... ha habido infinitas primeras veces que luego, con el tiempo, se han ido convirtiendo en rutina.

Allí tuve la primera reunión con la editorial, donde les vi las caras a las personas con las que mantengo correspondencia a menudo por mail y, de alguna forma, también le vi la cara a la realidad: lo que significa haber ganado este premio, la importancia que tiene, sobre todo el tema tan necesario que trata; el colectivo trans. Retrato de una piel desnuda es para las románticas y también se amplía a un grupo de personas que quizá no leen acerca del amor pero son curiosas, o quieren aprender, o quieren verse reflejadas. Esa reunión me abrió los ojos y me hizo sentir especial. No puedo sentirme más agradecida por la inmensa apuesta que están haciendo por mí.

Allí también dejamos los recuerdos de nuestros viajes, Italia (donde pensamos volver, porque es el lugar más bello, artístico e inspirador del mundo), Londres, Sevilla, Córdoba.

Allí es donde mi vida dejó de ir a trompicones, torcida, para enderezarse y avanzar tan rápido que apenas me he dado cuenta de que ya han pasado dos años y medio. En ese tiempo como dije en la entrada La vida después de las ruinas, las personas a las que más quiero en el mundo recuperaron su color.

Pero haremos nuevos recuerdos, claro que sí.

Estas paredes se llenarán de música, cariño y nuevas experiencias que nos harán crecer.

Admito que siempre me han costado los cambios. Soy una miedosa patológica, pero me quitaré los miedos a golpe de esperanza e ilusión. ¿Qué sería de la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?

En esta casa trabajaré muchísimo para sacar adelante los sueños que arrastro desde que era una chiquilla. Daré forma a un proyecto importante, el Proyecto Albufera, que tiene mucho que ver (todo que ver, en realidad) con Retrato de una piel desnuda (no puedo morderme la lengua por mucho más tiempo) y que lo conforman personas a las que quiero y admiro. Solo digo que vamos a grabar, necesitaremos atrezo, música, emoción y talento. No digo más. Me muero de ilusión.

También tengo pensado sacar una nueva novela a finales de año; si todo va bien, daré noticias pronto.

Y sí, todavía con trastos por el medio y cajas a medio vaciar, me sentaré en mi lugar de trabajo a darle forma a mis sueños, porque como dice Allan Cohen: No esperes a que las condiciones sean perfectas para empezar, el empezar hace las condiciones perfectas.
 
Que tengas un bonito miércoles.

Os dejo con una canción que estoy escuchando en bucle últimamente. 


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